Lyskam comparte desayuno informativo el 30/junio/2015 con José Ignacio Goirigolzarri presidente de Bankia, desayuno organizado por las Tertulias Sociales y de Economía de Aragonex.

El presidente quiso comenzar con el año 2012, momento en que el mercado europeo se fragmenta, las primas de riesgo alcanzan niveles imposibles y en España contábamos con un euro al borde del abismo. A partir de ahí, se produce un punto de inflexión y Europa se pone manos la obra con el establecimiento de una agenda para la “unión bancaria europea”. El código de valores futuro se basa en los siguientes epígrafes.

Retos

Para afrontar los grandes retos a los que nos enfrentamos en la actualidad Goirigolzarri hizo un llamamiento para que entre todos aunemos nuestros esfuerzos. Una mirada ilusionante para construir un futuro esperanzador donde la adaptación, la pasión y la ideología sean la combinación perfecta en la consecución de nuestros desafíos.

Y no quiso hacerlo sin antes reconocer los grandes sacrificios y esfuerzos asumidos por la sociedad española que han permitido generar las condiciones necesarias para que nuestra economía pueda empezar a crecer gracias también al impulso reformista llevado a cabo en los últimos años.

Nos señaló dos grandes retos, por un lado el crecimiento sostenible, destacando dos factores que nos favorecen en este momento como la devaluación del euro y el abaratamiento del petróleo. Y por otro lado la empleabilidad del capital humano, para lo que reconoció que necesitaremos un ciclo económico fuerte. Sugirió la necesidad de un consenso educacional con resultados que redujeran la asimetría existente entre los conocimientos adquiridos y las demandas del mercado. El presidente apuntó que una sociedad en movimiento constante necesita ir adaptando su capital humano permanentemente.

La administración y la banca

Más retos, la necesidad de corregir desequilibrios económicos, la importancia ser capaces de reducir nuestra deuda externa y demostrar que tenemos capacidad de autofinanciación, porque es lo que nos permitirá controlar el espíritu del mercado.

No perdió de vista aludir al tamaño, la innovación, la productividad de nuestras empresas y a nuestra capacidad exportadora, hoy con resultados muy notables, invitando a las administraciones a jugar un papel fundamental con políticas favorecedoras como podrían ser las de carácter fiscal o la liberalización de los mercados.

Goirigolzarri quiso trasladarnos que a día de hoy se puede decir que el sistema financiero español es solvente y está bien provisionado, aunque no es menos cierto que  la rentabilidad de la banca española está por debajo del costo de capital, que es el rendimiento que un inversor exige para comprar acciones. Esto requiere incrementar la rentabilidad con un impecable control del riesgo, de la morosidad y de la mejora constante del ratio de eficiencia, todo un desafío.

La reputación

Pero el reto casi más complejo y necesario de todos los que se ha propuesto conquistar, con absoluta determinación, es “la reputación”. Para ello señala que  hemos de ser conscientes de la necesidad de escuchar lo que la sociedad está reclamando, que no es ni más ni menos que un sistema más ético.

Sensible a que no solo es importante “el qué” sino también “el cómo”, dejó claro que de esta diferencia dependerá la solidez del sistema. Entre otras cosas porque si la sociedad no cree en la solidez del sistema, no se puede asegurar su crecimiento, y si no hay crecimiento y rentabilidad, no se puede mejorar el nivel de vida de las personas ni ser útiles a la sociedad.

Como directora de proyectos de Lyskam he de expresar nuestra inquietud por este asunto en particular. La reputación no viene por arte de magia sino que, como el presidente apuntó, no hay que preocuparse sino ocuparse, y este último reto no podrá conseguirse si no se trabaja desde dentro de las compañías. Una necesidad vital para llevar a efecto ese desafío es la de elevar el nivel de liderazgo de las personas que gestionan nuestras empresas, humanizando las prácticas empresariales.

Eficiencia y liderazgo

La eficiencia se incrementa cuando el directivo aprende a guiar, atender y promover los valores de la organización. Nuevos niveles de consciencia que incorporen elevada dosis de lealtad, responsabilidad y generosidad son elementos claves para sostener un fuerte nivel de compromiso a través de la Responsabilidad Social Corporativa.

El liderazgo del siglo XXI en nuestras empresas exige una transformación, se reclama un liderazgo inspirador y motivador a nivel institucional, político y empresarial que fomente el intercambio de conocimientos y oportunidades.

El factor psicológico y las emociones humanas a la hora de tomar decisiones son clave en nuestros aciertos y errores porque la emoción es el ADN de la inspiración. Por eso hay que crear confianza, primero dentro de la organización.

Quiero poner de relieve que en muchas organizaciones el exceso de dirección y el déficit de liderazgo han facilitado actitudes poco rentables, porque son los problemas adaptativos, y no los tecnológicos, los que no resolvemos bien, difíciles de detectar y cuantificar, resolver y medir.

Se palpa en las organizaciones el miedo, la desconfianza, la desgana y el resentimiento porque los empleados tienen el sentimiento de que el crecimiento de sus empresas no les hace necesariamente mejores a ellos y los valores se desperdigan en la cadena de mandos produciendo un abismo entre lo que se dice  y lo que se hace. El liderazgo actual nos pide a gritos un cambio profundo y un mayor grado de implicación. A esto último no estamos muy acostumbrados porque entre otras cosas, hemos construido un ejército con muchos generales y pocos soldados.

Goirigolzarri mostró su comprensión sobre la evidente decepción de la sociedad española con el funcionamiento del sistema financiero, sobre todo durante la época de la crisis. Reconociendo los errores cometidos en el pasado por la entidad que preside, apuesta con firmeza por abrir un “nuevo marco de referencia” que mire al futuro, siendo proactivos con la puesta en conocimiento de los supervisores de operaciones no ortodoxas y definiendo un “Código de Valores” auténtico, que actúe como guía permanentemente y siendo intransigentes con el incumplimiento del mismo.

Está claro que el líder de nuestro tiempo tiene que introducir paradigmas nuevos en su quehacer diario, porque ese líder crea cultura, genera optimismo y como diría Bonaparte, es un marchante de la esperanza. La excesiva jerarquía piramidal hace que el rol del líder de nuestro tiempo tenga como misión, entre otras cosas, achatar esa pirámide y caminar hacia la horizontalidad, hacia actitudes más abiertas, más democráticas y resolutivas.

Valores y entusiasmo

Generar valores y entusiasmos compartidos es lo que produce cambios organizacionales de gran calado y sostenibles en el tiempo. Esto incide directamente en el clima laboral, sus políticas, procedimientos y toma de decisiones.

Lo que nos da verdadera reputación, fuerza y autoridad es promover soluciones integradoras a los problemas organizacionales, porque supone una mejora de la inteligencia social, aumenta la vitalidad, la autodirección, la responsabilidad, la honestidad y nuestros niveles de compromiso.

Al fin y al cabo se trata de convertirnos en guerreros felices y orgullosos del futuro que vamos construyendo sabiendo lo que hay que hacer y con la convicción de que lo estamos haciendo bien.

 

 

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