Desde hace unos años da la sensación de que hay una desmedida proliferación de coachs. Y eso no sería malo (desde el punto de vista de la competencia) si todos ellos fueran profesionales correctamente formados y preparados. Pero no siempre es así.

El coaching nada tiene que ver con la psicología ni con las terapias, a pesar del empeño que hay en relacionar ambas cosas, aunque nada impide que se añada a una profesión o se aplique en la vida. Es legítimo dedicarse a una tarea, pero no lo es deteriorar la misma cuando quienes se acercan a ella lo hacen simplemente con la intención de aprovecharse y hacer caja. El daño generado, por otra parte, lo sufren las personas que necesitaron un apoyo, una ayuda, y no la encontraron.

El coaching es un trabajo que se realiza con personas. Es un proceso de exploración del yo en el que se descubren, entre otras cosas, las fortalezas y las debilidades de uno mismo. En el coaching trabajamos fundamentalmente con nuestros talentos, talentos que nos conectan con aquello que amamos y nos dan energía para conseguir nuestras metas, nuestra plenitud y nuestra autorrealización. Y estos son conceptos con los que no se debe jugar (sobre todo si no se sabe).

El coaching es una metodología que puede unirse perfectamente a lo que uno ya es. Pero hay que formarse y acreditarse en los organismos reguladores de la profesión que notifican las entidades de formación y que disponen de los programas autorizados (véase ICF). Por lo tanto, hay pistas, indicios que pueden ayudar a saber con quién estamos. Hay que preguntar e investigar un poco (internet lo pone muy fácil) sobre el origen de la adquisición de las competencias. Por supuesto, también hay que buscar referencias sobre el coach (o la empresa) en la red.

Por otro lado, mensajes que prometen avances rápidos en el proceso o resultados milagrosos deberían encender todas las alarmas. Es de cajón que en el trabajo con personas hay un grado de incertidumbre. Y no hay que olvidar que el éxito de nuestro cliente es nuestro éxito también.

Intrusos hay en todas partes y buenos profesionales también. El Lyskam apostamos por los segundos y no debemos olvidar que en esta profesión estamos para servir al otro, para ayudar, apoyar, integrar y dar luz allí dónde el camino esté poco iluminado, porque consideramos a nuestro cliente como un ser completo y lleno de recursos para salir adelante bajo cualquier circunstancia y con capacidad de crear relaciones en su entorno sostenibles en el tiempo.

El coaching está de moda. De eso no hay duda. Y en Lyskam queremos creer que es porque tanto las personas como las empresas son conscientes de que es una herramienta muy poderosa para crecer y mejorar. Esperamos pronto  que deje de ser una moda, para convertirse en un recurso de referencia. La impostura en el coaching no vale. Depende de lo bien (o mal) que lo hagamos quienes nos dedicamos, de todo corazón, a esta profesión.

 

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