Rosa Algarrada

En 2015 España forma parte de los miembros del consejo de seguridad de Naciones Unidas. Esto nos dará cierta relevancia como país y puede que nuestro papel aquí ayude a reforzar la Marca España por la que tan preocupados están nuestros gobernantes.

Hay un cierto optimismo en lo que se refiere a nuestro papel empresarial fuera del país, que contrasta con el sentimiento de desencanto generalizado dentro del mismo. Sin duda la elevada tasa de paro, el crecimiento de la desigualdad, la fuga de nuestros cerebros y las escasas partidas destinadas a educación, investigación y desarrollo hacen que nuestras empresas más punteras se estén desarrollando más fuera que dentro. Permítanme decirles que un país de servicios es un país sin posibilidad de innovación y crecimiento.

Está muy en boga la economía colaborativa que aún no es una realidad. No somos usuarios de las tecnologías punteras y tenemos cierto retraso tecnológico, pero nuestros gobiernos están empeñados en aumentar la confianza del ciudadano y su felicidad a fin de consolidar la denominada Marca España. La teoría es que si uno no se valora no puede venderse. Por tanto si tenemos una visión pobre de nosotros mismos, la Marca España chirría, no resulta muy creíble. Es cierto que todo encaja cuando nos va bien fuera y dentro, pero algo patina en nuestro modelo.

Nuestras empresas carecen de un modelo de liderazgo novedoso, e impulsor de entusiasmos compartidos porque no hemos conseguido aunar tecnologías y emociones. Si la tecnología es poder, la emoción es la fuerza, que está en el alma de las personas. Es ahí desde donde podemos empezar a trabajar.

Lo primero que debemos hacer es crear una cultura empresarial en entornos de temporalidad, a través de la Responsabilidad Social Corporativa, donde nos acostumbremos a trabajar por procesos o por proyectos. Eso implica la eliminación de trabas burocráticas que favorezcan la contratación y se aborden los despidos de manera diferente a como se han ido haciendo hasta ahora. Lo segundo es especializarnos para trabajar en eso que algunos llaman Excelencia, porque sin duda este será nuestro elemento diferenciador. Lo tercero, invertir en I+D+i porque es lo que ayudará a crear un modelo de empresa que reforzará nuestro tejido empresarial, nos permitirá crecer y exportar ese entusiasmo hacia fuera.

Nos esperan grandes reformas estructurales, unificación bancaria, consolidación fiscal, reformas en el transporte, corregir aspectos de gestión en el campo energético, cuidar nuestro endeudamiento, aprender de la experiencia burbuja para que no se repita de manera sistemática y ser competitivos a la vez que colaborativos. Consultorías, coaching y mentorías son herramientas que nos ayudan a crear una nueva forma de liderar nuestras empresas promoviendo la política del win to win, que incidiría positivamente en la cuenta de resultados y la mejora de nuestro entorno. Todo ello nos ayudará a canalizar el ingenio y la energía que nos son propias, a plasmar la impronta de nuestro buen hacer, y reforzar nuestra presencia en otros mercados como el africano o el asiático.

 

 

 

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